Las contraseñas son la principal barrera de seguridad para acceder a nuestras cuentas digitales, como correos, redes sociales, banca online y servicios en la nube. Aunque son esenciales, siguen siendo el punto más débil en la protección cibernética. En 2024, millones de personas aún usaban claves extremadamente inseguras como "123456" o "password", que pueden ser descifradas en menos de un segundo con herramientas automatizadas. Este tipo de vulnerabilidad provocó un aumento del 71% en los ataques relacionados con contraseñas, convirtiéndolos en una de las principales causas de filtraciones de datos a nivel mundial.
Aunque la mayoría conoce los riesgos, muchas personas siguen cometiendo los mismos errores. Usan contraseñas simples o predecibles (como secuencias numéricas o del teclado), incluyen datos personales fáciles de adivinar, reutilizan la misma contraseña en varias cuentas y las guardan sin protección. También las comparten por mensaje o correo, nunca las cambian y crean claves cortas que pueden ser descifradas en minutos.
Una contraseña segura debe tener al menos 12 caracteres (idealmente 16 o más), combinar mayúsculas, minúsculas, números y símbolos distribuidos al azar, y evitar palabras completas o patrones del teclado. Una técnica útil es usar frases secretas y tomar sus iniciales mezcladas con símbolos y números, creando contraseñas complejas pero fáciles de recordar.
Recordar muchas contraseñas seguras es muy difícil, por eso los gestores de contraseñas son clave: almacenan tus claves de forma segura y las completan automáticamente. Solo necesitás una contraseña maestra fuerte. Aun así, existen riesgos como el phishing, por lo que es esencial usar autenticación en dos pasos (2FA), que combina tu contraseña con un código temporal enviado a tu celular. Así, aunque alguien robe tu clave, no podrá acceder sin ese segundo factor.